Colaboradores:
arq. Gustavo Albera y arq. Sonia Enriz
Calculo estructural:
Giménez Mathus y Carlos Llopiz, ingenieros
Año proyecto:
2000
Inauguración:
Octubre de 2001
Superficie cubierta:
4.500 m2
La Bodega Séptima de Codorniú, está ubicada en Agrelo, su imponente volumetría emerge sobre una planicie rodeada por extensos viñedos. Sus propietarios (un grupo Catalán) adquirieron el predio de 306 hectáreas para construir su bodega número siete, de allí la decisión de bautizar la marca de sus vinos con el nombre Séptima.
La bodega cuya superficie es de 4500 m2 es morfológicamente simple, un bloque de 150 metros de largo resuelto a nivel de terreno y sin áreas subterráneas. Esta solución resulta al aplicar un esquema industrial de tipo lineal de máxima eficiencia, ubicando a lo largo de un mismo eje las tres naves funcionales requeridas para la producción vinícola: elaboración, conservación y fraccionamiento.
Exteriormente se destacan dos escalinatas ceremoniales y simétricas que permiten el ascenso en suave pendiente hacia una terraza mirador ubicada en el centro del conjunto. En este nivel están, además los salones de degustación, desde donde se aprecian todos los viñedos como la cordillera nevada.
Mientras la fachada norte aparece como un bloque cerrado, casi como una célula impenetrable, su fachada opuesta constituye toda una sorpresa si la comparamos con la mayoría de los conjuntos vitivinícolas. La presencia de grandes vidrieras que permiten el ingreso de luz hacia las naves de tanques y de fraccionamiento, fue un requisito solicitado por los winemakers de la bodega .
Esta premisa no siempre es formulada por los propietarios de los establecimientos. Cada bodega en general, y cada enólogo en particular, tiene su propia teoría acerca de las condiciones ambientales más aconsejables para desarrollar sus actividades, y son muy estrictos al respecto.
En este caso en particular no le tuvieron miedo a la luz, y es así como se observan esbeltas aberturas, en forma de rajas, que permiten un ingreso controlado de la luz desde el sur. En el laboratorio ubicado en una posición central, en cambio, la luz es indirecta.
Una tradición ancestral
El carácter del conjunto hace referencia a los centros ceremoniales prehispánicos andinos, e intenta crear un ámbito de sociabilidad relacionado con el turismo cultural. Los muros ciclópeos de piedra reformulan las ancestrales pircas con tecnologías contemporáneas.
En dicha bodega se emplearon materiales regionales que ya están en la memoria, el material predominante es la piedra. Se utilizó la idea de la pirca colosal y de la técnica ancestral muy utilizada en la región andina, donde ha habido un mayor desarrollo arquitectónico.
El muro de piedra arranca con rocas de un metro de espesor, sobre cominetos ciclópeos, y va disminuyendo su ancho en tres estratos hacia lo alto. Para dar un buen comportamiento sísmico (fundamental en esta zona por ser de alto riesgo) este muro está enmarcado interiormente con estructura de hormigón armado, incorporada a un paramento también de hormigón ciclópeo encofrado.
Los muros de piedra responden , no solo a cuestiones de imagen sino también a una cuestión térmica, para obtener una inercia que proteja contra el calor, por esto se recurre a una pared con mucha masa, como es usual de zonas áridas.