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| La verdadera cata a ciegas | | |
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El proyecto de capacitar a ciegos en la cata de vinos comenzó con una idea casi casual, pero ya cuanta con el Programa de Inserción Laboral para la Población Ciega, del BID, del Ministerio de Salud y de la Organización Nacional de Ciegos Españoles.
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Hace algunos meses, durante la Feria de vinos y Bodegas 2002 que se realizó en el Palais de Glace, se hizo una experiencia que incluía un pequeño truco. Se sirvieron dos vasos con el mismo vino blanco, pero uno estaba teñido de tinto. Los presentes lo probaron y hablaron de las propiedades de cada uno como si fueran realmente un blanco y un tinto. Pero hubo un ciego que primero en voz baja y luego totalmente convencido, dijo: "Me pusieron el mismo vino en las dos copas".
Ya cumplió su primer año la novedosa experiencia de capacitar a ciegos en la cata de vinos. "La idea surgió a partir de la expresión cata a ciegas, cuando un alumno me preguntó si estaba relacionada con la cata por personas no videntes. Yo no pude responderle pero a partir de esa inquietud comencé a investigar y se me ocurrió la idea de probar". Cuenta Dolores Lavaque, directora de Staffing and Training Group, una consultora especializada en gastronomía.
Así, se contactó con la fundación Par, que se dedica a la reinserción laboral de personas con discapacidades, y se formó el primer grupo de ciegos. ¿Cómo descubren si se trata de un vino tinto o blanco?.
"Tuvimos que buscar la forma de transmitirles conceptos visuales por medio de otros sentidos. Para hablar de uvas tintas y blancas, desarmamos cada fruto, lo olimos y lo probamos. Mi idea era hacer ese proceso y llegar a la conclusión de que los hollejos de las blancas y de las tintas tenían distintos sabores. Pero todavía no había terminado cuando uno levantó la mano y me dijo: el aroma está en el hollejo. Me quedé helada", dijo Dolores.
Andrea Serrano es una de las alumnas. Trabaja como educadora sexual y nunca se imaginó trabajar con su nariz: "Me inscribí en la bolsa de trabajo de la Fundación Par pensando que me llamarían por algo relacionado con la terapia de pareja, cuando me dijeron que era por un curso de cata de vinos, fui para no decir que no de movida", recuerda Andrea, que si bien los oftalmólogos la califican de ciega, ella asegura que tiene un resto visual que le permite manejarse.
Se apasionó desde el primer día, "siempre dependí de otros para estudiar y esto tiene que ver con mi capacidad de oler y describir cómo es ese aroma. La memoria olfativa de las personas no videntes parece mejor programada que la nuestra, ellos enseguida te dicen a que les hace acordar ese olor y es tal cual. Un día estábamos catando un viognier y uno de los chicos dijo: pan dulce, agua, sal, frutas secas. Después, lo comenté con un bodeguero y me dijo que quería ese lenguaje para las etiquetas de sus vinos, menos técnico y más cotidiano", señaló.
Al primer grupo le siguió otro, y hoy ya son 48 personas no videntes que están capacitadas como panel técnico y son contratadas por empresas y bodegas interesadas en el aporte de gente con el olfato tan entrenado.
"Hasta me llamaron del INTA para ver si podíamos trabajar en conjunto porque había un polvo de gelatina con un olor particular, que su panel no podía describir. Me pidieron el apoyo del grupo de no videntes para testearlo", cuenta Lavaque, orgullosa. Y no es para menos.
Fuente: La Nación
Autor: Carolina Reymúndez
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